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Historias de organizaciones

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Casa del Niño Nueva Familia

La Casa del Niño Nueva Familia nació en el año 1999, casi junto con la Fundación Banco de Alimentos; ambas organizaciones trabajan en equipo desde hace 10 años. El Banco de Alimentos le provee alimentos a cambio de una contribución muy accesible todos los meses, lo que le permite invertir el resto de sus recursos en su principal objetivo: brindar apoyo escolar y contención a 100 chicos de 6 a 12 años.

Llegamos a Casa del Niño a las 12, justo en el descanso entre el turno mañana y el turno tarde. Cerca de 50 niños acaban de terminar el almuerzo y se están yendo a la escuela. En una hora llegarán 50 más, que vendrán a reponer energías en la mesa servida por Ramona, y luego tendrán sus clases de apoyo, donde no sólo los ayudan con las tareas sino que también se repasan y exponen los temas que van viendo en la escuela, a modo de complemento y para que terminen de fijar los conocimientos.

Todos los chicos entran con una sonrisa, da gusto verlos llegar y abrazar a Felicitas, una de las responsables de la organización. Ella les pregunta por sus familias y me los presenta orgullosa. “Él es Claudio, tiene 13 hermanos, uno más lindo que el otroâ€, me cuenta zamarreando a un niño vestido con esmero y pulcritud. Abril, su hermanita, ya se ha sentado con sus amigas en una mesa.

Todos están listos para comer: Ramona trae una gran fuente con fideos y verdura, luego kiwis que hemos traído del Banco de Alimentos y finalmente una riquísima ensalada de frutas, que varios repiten con entusiasmo.

Luego todos se lavan los dientes (con cepillos prolijamente ordenados e identificados y pasta de dientes –“también donada por el Bancoâ€, me aclaran), y salen al patio, donde juegan a la mancha. Pronto entrarán a las aulas con sus maestras. Mientras tanto Felicitas me cuenta orgullosa que la Casa del Niño gasta $1,90 por día por chico. “Los mayores gastos son los sueldos de tres maestras, de Ramona, que se ocupa de la cocina, y una ayudante para la limpieza. Además de eso, compramos carne y fruta y verdura, y todos los meses, retiramos alimentos del Banco, con los cuales preparamos todos los almuerzos, desayunos y meriendasâ€. La Universidad de Perdue, con la cual tienen un convenio, cubre todos los servicios, y no tienen ningún gasto administrativo, “porque lo hacemos todo nosotrasâ€. “Nosotras†son Felicitas y cinco voluntarias más, que se ocupan de la gestión.

“Gracias a lo que nos brinda el Banco los chicos tienen la oportunidad de probar comidas a las que nunca acceden: galletitas Club Social, alguna salsa especial, pan dulce para la merienda… ¡Cuando hay patys es una fiesta!â€, me cuentan.

Modernos ladrillos grises, mucha luz, aprovechamiento del espacio, orden, prolijidad, detalles de color… todo eso se ve al entrar en Casa del Niño. Felicitas me explica que el lugar se construyó especialmente para la organización. La Municipalidad les cedió el terreno en comodato, y ella junto con un grupo de mujeres consiguieron apoyo de la Universidad de Perdue, con cuyos fondos levantaron el edificio de una planta.

Las familias que traen a sus chicos a la Casa viven en condiciones muy precarias, como puede observarse a simple vista recorriendo el vecindario: casas de chapa, muchas sin baño. Pocos chicos terminan el secundario, entre otras cosas, porque los mismos padres no lo han completado, y el embarazo adolescente es muy común.

“Tratamos de ayudarlos a incorporar la lectoescritura y las bases del pensamiento lógico-matemático, para que después puedan seguir y terminar la secundariaâ€. Para asistir a la Casa del Niño, es requisito que los chicos estén yendo a la escuela.

Un lugar donde se los recibe con cariño, se los ayuda a crecer y pensar, un entorno armonioso y ordenado, donde se les inculcan hábitos de higiene y cuidado de las cosas, una mesa donde compartir con amigos una comida saludable y la alegría de algo rico… Todo eso es la Casa del Niño. ¡Sigamos apoyándola juntos!

Para leer más sobre Casa del Niño: http://casitanuevafamilia.com.ar/

 


Mi Misión

 

Una antigua casona prestada del barrio de San Telmo alberga a este centro que brinda apoyo escolar y sirve una rica y nutritiva merienda de lunes a viernes a 400 chicos que llegan después de la escuela, a hacer su tarea.

El centro recibe alimentos de la Fundación Banco de Alimentos desde diciembre de 2006, especialmente azúcar, galletitas y yogur, con los cuales Mónica Majdalani, a cargo del funcionamiento del centro, sirve la merienda al mismo tiempo que un grupo de maestros apuntala a los chicos en distintas materias.

Pero los únicos beneficiarios no son los alumnos, que llegan desde una escuela cercana. También sus hermanitos, que aún no están en edad escolar, se llevan galletitas para la hora del té, y sus padres, quienes reciben asistencia psicológica cuando es necesario. Para ello el centro cuenta con dos psicólogas; son en total siete personas rentadas y otras tantas que trabajan ad honorem. Una psicopedagoga atiende los casos más urgentes en forma particular y el resto de las horas, de lunes a viernes, lo hace en grupos mientras les brinda apoyo escolar.

También llegan al centro niños y niñas extranjeros que no tienen vacantes en las escuelas y van al apoyo todos los días como un modo de mantenerse “al día†mientras esperan que ser aceptados en algún establecimiento.

“Uno de los problemas graves en el barrio, es el de la alimentación: vos ves que vienen algunos chiquitos no porque tengan problemas en el colegio, sino a tomar la leche. También  tenés problemas de vivienda: viven ocho en una habitación. La mayoría son casas tomadas que a su vez ocupa otra persona y esa persona después la subalquila a otra. A veces me dan camas o colchones y es muy difícil seleccionar a quién se lo doy, porque yo sé que hay chicos que duermen con sus padres en la misma cama, cuatro juntos.â€

Además de brindar apoyo escolar, en el centro funcionan un taller de computación y otro de inglés. Al principio, cuenta Mónica, cobraban un bono contribución por esos cursos, pero la gente dejó de pagarlo por falta de medios. Así es que debieron reducir la frecuencia de los talleres, que ahora se dictan solo una o dos veces por semana.
Pero Mónica tiene siempre algún nuevo proyecto para hacerle frente a la adversidad. “Como acá hay chicos que ya tienen las netbooks (entregadas por el Gobierno de la Ciudad a alumnos de seis escuelas), pensamos dar clases con esas computadoras. Los chicos juegan con esas máquinas, pero nosotros estamos pensando en enseñarles a usar el Wordâ€.


Jardín Maternal San Pablo

En el barrio El Talar, Tigre, lindando con la villa San Pablo, el Jardín Maternal San Pablo es un oasis de alegría, donde un equipo de maestras jardineras, dirigidas por la hermana “Coqueâ€, reciben todos los días a 70 chiquitos de entre 45 días y dos años. Coloridas carteleras dan la bienvenida a los pequeños visitantes, que se acomodan en sus sillitas para comenzar a “trabajar†a su manera. En otra sala, siete u ocho camitas relucientes con flamantes colchones esperan a los bebitos que pasarán ahí su día mientras sus mamás trabajan. Todo brilla, gracias a la luz que entra por las ventanas y a la limpieza minuciosa con que mantienen el lugar.
Lamentablemente, en la Villa San Pablo, al igual que en tantas otras del conurbano bonaerense, la droga es un flagelo común. Sin embargo, la hermana está tranquila, a pesar de que también el alcohol y las corridas son moneda corriente en el barrio, porque como ella asegura, todos respetan al jardín. “Thiago entró con desnutrición a los dos meses. Hoy tiene un año y ya recuperó su pesoâ€, cuenta con alegría Coque. Su mamá consumía durante el embarazo y no pudo hacerse cargo de él, por eso Thiago vive con su abuela, en el barrio El Sapito. Este no es un caso aislado: muchos bebes nacen con bajo peso y problemas respiratorios como consecuencia del consumo de drogas por parte de las madres durante el embarazo. También es habitual que muchos chicos sufran diarreas por indigestión, en parte porque el agua no es totalmente potable.

Alimentando esperanza
Para poder dar tres comidas diarias a los 70 niños que asisten al jardín, la hermana Coque hace milagros. Cada 15 días, ella y un asistente parten con un carro de supermercado y recorren las seis cuadras que los separan del Centro Comunitario El Tallercito de Francisco. Este centro, que depende del Obispado de San Isidro, nuclea a tres comedores de la zona y recibe productos de la Fundación Banco de Alimentos todos los meses, desde octubre de 2001. Allí Coque llena el carrito con su pedido cada dos semanas, ya que en la despensa del jardín no hay lugar para todos los alimentos que consumirán en un mes. El Centro de Salud Municipal provee leche, y con donaciones compran agua mineral para preparar mamaderas y meriendas.
El 17 de marzo pasado recibieron un nuevo freezer de la Fundación Banco de Alimentos, gracias a una donación del Rotary Club, que les permitirá conservar más cantidad de alimentos perecederos y en mejores condiciones, facilitando la tarea de Ramona, cocinera del jardín.
Ramona está a cargo de la cocina de lunes a viernes. Con una fuerza que uno no puede sino preguntarse de dónde surge, cuenta que los fines de semana cocina en la Iglesia Evangélica “Cristo llamaâ€, para las mismas familias que durante la semana asisten al jardín. También hacen un aporte muy importante en el jardín el cura párroco, Jorge García Cuerva, y la representante legal, Zulma Bretón.

Mejoras en el barrio
El Jardín San Pablo pertenece a la Parroquia Santa Clara de Asís desde 1995, cuando dejó de depender de la municipalidad. Actualmente se está construyendo un complejo habitacional en la villa, gracias a lo cual algunas familias han podido reemplazar sus precarias casillas por departamentos y varios habitantes del barrio se han empleado en la construcción. En dos o tres años esperan tener gas natural, lo que les permitirá reducir costos. Cuando la obra, que avanza por pasillos, llegue a la altura del jardín, también le tocará el turno de ver sus instalaciones reemplazadas por una nueva construcción.
Mientras tanto, el jardincito sigue adelante, ofreciendo día a día sonrisas, canciones y una alimentación nutritiva a 70 niños de familias carenciadas.


La  Amistad de Lanús

La historia de esta organización comenzó en el 2005 cuando, frente a un escenario de gran necesidad, en uno de los barrios más carenciados de Lanús, Florencia Dominguez, presidenta de la organización, junto a su marido, tomó la decisión de armar una asociación civil. La organización funciona en su casa: construyó el primer piso y se mudó arriba para dejar la planta baja como comedor y para las actividades. Este sueño surge con la idea de trabajar para mejorar la calidad de vida del barrio y para brindar contención a los niños y adolescentes de la zona.

La Amistad de Lanús se unió a nuestra red de organizaciones en marzo del 2008. Hoy, más de 300 chicos pueden tomar la merienda todos los días y acceder a un plato de comida cuando consiguen los recursos.

“Cuando empezamos teníamos ciento y pico de chicos, después la cantidad fue aumentando debido al empeoramiento de la situación económica. Ahora todos los días les damos una copa de leche por la tarde a los chicos. En el caso del comedor, brindamos el servicio cuando tenemos el dinero para comprar la carne o cuando contamos con la ayuda que nos da el Banco de Alimentos. Desde hace casi tres años, es la única ayuda directa de alimentos que tenemos, es todaâ€, comenta Florencia con cierta angustia y desesperación en su voz.

En la organización trabajan entre 20 y 30 mujeres, en su mayoría madres de los niños que asisten al comedor, que se van rotando para realizar las diferentes tareas diarias. Aparte de las actividades regulares de la organización, este grupo de personas se toma el tiempo necesario para festejar con eventos entretenidos el día del niño, Reyes y Navidad de forma ingeniosa con las personas del barrio.

A falta de dinero, surge la creatividad

Una de las formas ingeniosas que se le ocurrió a Florencia para conseguir fondos fue hacer una feria americana, vendiendo ropa donada a $ 0,50 y a $ 1 entre la gente del barrio. Así recaudaron $ 300.

“La gente necesita la ropa y valora mucho poder acceder a ella por tan bajo costo. Nosotros, con lo que recaudamos, podemos pagar el gas y los gastos mínimos para mantener en condiciones la organización para que los chicos no pasen frío ni hambreâ€.

Como Florencia, hay miles de personas solidarias que dedican su vida a tratar de cambiar las cosas. A veces con muy poco se pueden conseguir grandes cambios. Lo importante es hacer y ayudar.


 
Hogar "El Alba"
por Antonio Fafulas

El Hogar “El Alba†es una institución ubicada en Longchamps que recibe ayuda de la Fundación Banco de Alimentos desde 2007. Antonio Fafulas (Saky) es el responsable de esta organización, que alberga actualmente a 82 niños y adolescentes en un predio de 48 hectáreas. Los menores viven en cinco casas con capacidad para doce niños cada una.

Cada grupo es autónomo y está a cargo de padres supletorios. Los niños que recibe el hogar han sufrido maltratos o abusos o provienen de hogares con necesidades básicas insatisfechas. La mayoría de ellos han desertado o son potenciales desertores del sistema escolar convencional desde corta edad y sufren deterioros físicos y afectivos.

Allí reciben escolaridad, atención integral física, académica y espiritual, capacitación laboral (según la edad), y apoyo para su reinserción social. Panadería, tambo y huerta son emprendimientos que ofrecen a los menores la posibilidad de aprender un oficio y a la vez contribuyen con el sostenimiento del hogar.

“Queremos que el Hogar sea para los chicos lo más parecido a una casa, una familiaâ€, dice Saky. Sus esfuerzos en ese sentido son notorios y gracias a ello los niños y jóvenes que viven allí pueden volver a encontrar la calidez y el soporte necesarios para crecer y elaborar su propio proyecto de vida.

La Fundación Banco de Alimentos aporta todos los meses distintos tipos de alimentos, que permiten al hogar ofrecerles las cuatro comidas, ya que los chicos desayunan, almuerzan, meriendan y cenan allí.

 


Club de Los Leones
por Isabel Otero

Club de Leones es una de las 480 asociaciones que recibe alimentos de la Fundación Banco de Alimentos. Isabel, desde esta asociación, colabora con cuatro comedores de la zona de Berazategui.

“Yo creo que la persona, en realidad el grupo de personas que fundó el Banco de Alimentos, tuvo una gran visión. Porque poder ayudar a través de los excedentes de las empresas a muchas personas que no tienen ayuda de ningún tipo es buenísimo… Por lo general nadie se hace eco de eso y ustedes síâ€.

“A mí me pasó el contacto otro León, que a su vez se enteró del Banco de Alimentos gracias a un maestro. Y yo llamé, me atendió Analía, que es amorosa, me explicó todo, cómo se manejaban y coordinamos para ir a visitar uno de los cuatro comedores que tenemosâ€.
Todavía no se cumplió un año desde que recibimos ayuda del Banco de Alimentos. Pero si no la tuviéramos, hoy para nosotros la situación sería muy difícil.

“Para mí confiar en las personas es lo mejor, porque tener confianza sirve para vivir mejor, saber que lo que se brinda es verdadero, es real.â€

 

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